por Silvia Sáinz Sepúlveda, Otoño de 2017.

Me amassou as rosas
Me queimou as fotos
Me beijou no altar.”
(A História de Lilly Braun. Chico Buarque – Edu Lobo)

“Dentro da noite voraz
Detrás do avesso do véu
Atravessa este verso
A vontade nua
Tua, tua
Tua e só tua.”
(Tua, Adriana Calcanhotto)

A partir del título de la novela, nos sumergimos en un texto que, con valentía, muestra una realidad que es común a muchas mujeres quienes, en silencio, viven la más infame versión de sus vidas, aderezada con los peores ingredientes: violencia; indiferencia; autoritarismo e infelicidad.
IMG_4879En una trama bien hilada, se van hilvanando las hebras de un tejido vital, que late con idas y venidas, desde el presente hacia el pasado y viceversa.
¿Será casual, entonces, que el título de la novela sea La Historia de Carmen Rodrigues?
A pesar de que la respuesta es obvia, hay ciertos matices que nos parecen interesantes analizar.

La Historia de Carmen es una búsqueda constante, de mutaciones, metamorfosis y dos despertares: darse cuenta con quién estaba casada y, después de una larga pesadilla matrimonial, despertar encantada por la figura de Clarissa, que provocó en Carmen una resurrección de la carne y del corazón.

Asimilando la idea sartriana de “Los caminos de la Libertad”, Carmen transita por la Edad de la Razón, por El Aplazamiento para llegar a La Muerte en el Alma, deceso que significa cumplir un ciclo para comenzar uno completamente distinto. Muerte que significa, posteriormente, resucitar: al amor, a la pasión; a la completitud; a la maternidad consumada y sin temores.

La Edad de la Razón significó para Carmen entrar en el canon, casarse, entrar a la iglesia. Como en los finales de cuento, aquí no cabe el “y fueron felices para siempre”, porque apenas dieron el Sí, comenzó la pesadilla, el Aplazamiento de la humanidad, de la dignidad. El Aplazamiento de la propia libertad, del goce, del amor y la pasión. En el transcurso de este Aplazamiento, SU Aplazamiento, nace Pedro, su hijo. Situación que significa otro Aplazamiento: el de una maternidad completa. Porque, aunque Carmen, no era madre soltera vivía y padecía como tal. Pasaba estrecheces económicas, cruelmente auspiciadas por Marcos, quien, de manera permanente, le recordaba que él mandaba, que él decidía y, ella, debía aguantar, porque así es la vida de la mujer casada, “Carmensita”.

Al llegar Clarissa a la vida de Carmen, empieza a morir paulatinamente en el alma de una Carmen sumisa, la perturbación, el miedo y la violencia. Esa es la Muerte en el Alma de Carmen. Dentro de su alma algo muere, para ser reemplazado por la vida, traducida en la presencia de una mujer: Clarissa. Vida nueva, a la manera de Dante Alighieri: “Luego de mi nacimiento, el luminoso cielo había vuelto ya nueve veces al mismo punto, en virtud de su movimiento giratorio, cuando apareció por vez primera ante mis ojos la gloriosa dama de mis pensamientos…”.

Dama de sus pensamientos que se materializa en compartir un lecho tibio; sentir un cálido olor a café recién preparado y sentir con placer el aroma de lavandas. Una dama negra, proveniente del Norte de Brasil, tan Otra, tan Propia, para llegar a impactar la vida de una desdichada “Carmensita” y completarla como mujer y, también, como madre. Y, a partir de entonces, no habrá más “Carmensita”, sino que se afianzará una Carmen más sólida, más una, más fuerte.

Sería injusto no mencionar la reivindicación que se hace en el texto de la homosexualidad, del respeto por esta condición, que es equivalente a ser alto, petiso, flaco o gordo. Asimismo, la reivindicación de la libertad; reivindicación de la independencia y auto valencia de un ser humano, de un individuo, que no quiere ni merece pertenecer a una masa sin rostro, sin derechos y sin libertad. La reivindicación de la maternidad como una opción y un estado que, conscientemente, Carmen asume y acepta. Todas estas reivindicaciones son el gran contexto de la novela, el marco de referencia, el gran escenario en el que se mueve Carmen y su historia.

Habiendo esbozado este audaz correlato con Los Caminos de la Libertad y La Vida Nueva, proponemos una lectura especular, en cuanto Carmen, en la Edad de la Razón, sólo observa una versión deformada y desvirtuada de sí misma. En el transcurso doloroso de El Aplazamiento, se posterga, se aleja del espejo, para apenas contemplar la imagen de lo que fue o lo que quiso ser. Para, finalmente, en La Muerte en el Alma, recuperar su imagen, limpiar la suciedad del espejo (que no le permitía verse a sí misma) y recuperar su libertad, el derecho a amar y ser amada. Mirarse ella con ella, frente a frente, desnuda, sin mediaciones, ni mentira, para vivir La historia de Carmen Rodrigues.

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